domingo, 7 de febrero de 2010

EL CONFLICTO COMO OPORTUNIDAD

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Me dicen que soy conflictiva. Y lo reconozco: lo soy. Pero, de nuevo, también reconozco los prejuicios que desbordan a aquellos que me lo dicen y, sobre todo, observo que están muy mal informados, confundidos, que ignoran cuál es el auténtico significado, la verdadera naturaleza del concepto "conflicto".

Existe una idea muy extendida y equivocada, que es la de entender el conflicto como algo negativo, no deseable y, por tanto, como algo que hay que eludir. Esta idea está basada en dos circunstancias:

1. Cuando pensamos en los conflictos, los relacionamos con la forma en que habitualmente se suelen enfrentar o "resolver": la violencia (física y/o verbal), la anulación o la destrucción de una de las partes, y no una solución justa y mutuamente satisfactoria. Se confunde una determinada respuesta a un conflicto con su propia naturaleza. Por eso no interesa.

2. Todas las personas sabemos que hacer frente a un conflicto significa consumir muchas energías y tiempo, así como pasar un rato no excesivamente agradable. Por eso no interesa.

Pero la gente no entiende que el conflicto es necesario, que realmente es un proceso natural y consustancial a la existencia humana, que es imposible eliminarlo y que hay ocasiones en que redunda en beneficio del grupo.

Los antiguos chinos asociaban el concepto de crisis a dos ideas: peligro y oportunidad. Y eso es el conflicto, una situación peligrosa que, de alguna manera, nos va a poner a prueba, pero que, al mismo tiempo, representa una oportunidad de aprender algo nuevo de nosotros mismos y de los demás, del mundo, una oportunidad de desarrollo. Es más, un grupo en el que no existe conflicto tiende a volverse estático, apático e indiferente a la necesidad de compartir, cambiar e innovar.

Pero es necesario diferenciar entre la existencia del conflicto, como un estado de hecho, y las formas no positivas de tratar de solucionarlo. Es decir, la violencia (física o verbal) no es más que uno de los medios para afrontar un conflicto. Es un medio equivocado. Igualmente, hay que distinguir entre la agresión y otras conductas violentas, por un lado, y la agresividad o combatividad, por otro. La agresividad forma parte del comportamiento humano, no es negativa en sí misma sino positiva y necesaria como fuerza para la autoafirmación física y psíquica del individuo.

Ante un conflicto se pueden adoptar diversas actitudes:

1. Competición: yo gano, tú pierdes.
2. Acomodación: yo pierdo, tú ganas.
3. Evasión: yo pierdo, tú pierdes.
4. Cooperación: yo gano, tú ganas.
5. Negociación: cuando la cooperación plena no es posible.

Y un conflicto puede afrontarse de dos formas: atendiendo solamente al interés por uno mismo o atendiendo al interés común. En función de todo ello, puede tener un carácter de:

1. Dominación: alto interés propio y bajo por la otra parte; no existe la cooperación y sí la orientación hacia el poder.
2. Integración y compromiso: alto interés propio y por la otra parte; implica colaboración por ambas partes, intercambio, examen del problema y solución consensuada.
3. Servilismo: bajo interés propio y alto por la otra parte; se centra en los intereses de la otra parte.
4. Evitación: bajo interés propio y por la otra parte; se esquiva el problema, a veces con intención de posponerlo o de retirarse porque algo resulta amenazante.

Está claro que el concepto de conflicto es extenso en cuanto a sus posibilidades y afrontamiento. Pero cuando solo percibimos los conflictos como una anomalía destructiva y difícil de gestionar, estamos perdiendo una buena oportunidad para dialogar, educarnos y educar. Además, lo peor de los conflictos es ignorarlos, porque siempre, antes o después, nos afectarán. Y si los ignoramos, el grado de afectación será mayor cuanto más dejemos pasar el tiempo. Por el contrario, si vencemos el horror que suelen provocarnos y superamos la tendencia a esconderlos, estaremos creando las condiciones mínimas para sacar provecho educativo de los conflictos.

Dicho de otro modo, querer formar parte del conflicto, enfrentarse a él, es uno de los recursos pedagógicos más rentables que tenemos en nuestras manos. Y pensando en todo ello aplicado a la educación, que es lo mío, pienso que los docentes deberíamos prestar más atención a esos conflictos que están ahí, y no tratar de ocultarlos o evitarlos, sino todo lo contrario, hacerlos explícitos, convertirlos en objeto de reflexión dentro de un aula y en nuestra propia vida, y preguntarnos: ¿por qué se ha producido esto?, ¿por qué un alumno o cualquiera se comporta de una determinada manera?, ¿por qué realiza actividades que podemos considerar antisociales, que dañan el funcionamiento de un grupo humano?, etc.

Por todo lo dicho, os invito a ser conflictivos.
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"Aprovecha la oportunidad en todas las cosas; no hay mérito mayor."
(Píndaro)
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